Ramón Casas: la modernidad anhelada

RAMÓN CASAS: LA MODERNIDAD ANHELADA

CAIXA FORUM MADRID Paseo del Prado 36

Del 8 de marzo al 11 de junio del 2017

Autorretrato Ramón Casas
Autorretrato Ramón Casas

La conmemoración del 150 aniversario del nacimiento del pintor Ramón Casas se convierte en una magnífica oportunidad para reencontrarnos con la obra de uno de los precursores de la modernidad artística. Con su actitud, unas veces bohemia, otras ireverente e irónica, Casas realizó una firme declaración de adhesión a la propuesta surgida en el transcurso de las últimas décadas del siglo XIX.

En este sentido, no debemos obviar su uso de determinados inventos –la bicicleta, el automóvil- que ponían de manifiesto la confianza optimista en las posibilidades tecnológicas que ofrecía el mito del progreso. No obstante, su obra reflejó el nuevo ideario de una forma epidérmica, hasta el punto de acabar configurando un modelo ecléctico en el que los anhelos de libertad y de radicalidad visual chocaban con una clientela conservadora. A caballo, pues, entre el deseo y la realidad, la obra de Casas fue sumamente permeable a la asimilación de un gran número de influencias: el cartel, la fotografía, o la estampa japonesa. Pero a pesar de la incorporación de elementos modernos, su poética no tuvo suficiente impulso como para provocar un movimiento sísmico en el arte catalán de la época.

Bicicleta de época
Bicicleta de época

     Rodeado por los pintores que influyeron en él y por los que se reflejaron en su obra, la exposición presenta piezas del pintor y de Toulouse-Lautrec, John Singer Sargent, Santiago Rusiñol, Julio Romero de Torres, Joaquín Sorolla, Joaquín Torres García o Pablo Picasso, entre otros.

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA IDENTIDAD ARTÍSTICA

Autorretrato de jóven
Autorretrato de jóven

Los inicios de la carrera artística de Casas estuvieron fuertemente marcados por su temprana decisión de viajar a Paris, ciudad que constituyó una referencia permanente a lo largo de toda su vida. En este contexto de la década de 1880, el contacto con el principal centro artístico europeo fue un incentivo estimulante, puesto que le permitió conocer un riquísimo abanico de lenguajes y tendencias creativas. El pintor fue muy permeable a todas estas influencias, asimiladas durante una etapa formativa privilegiada, ya que, en contra de lo que hubiese sido habitual, no tomó como referente los modelos locales, sino que dio un salto valiente y se fijó en la obra de artistas internacionales, algunos de ellos como en el caso de Carolus-Duran, con una reconocida trayectoria.

En este ambiente dinámico, es natural que el joven Casas quedase deslumbrado y adoptase un registro poético muy ecléctico y muy indeterminado, sin que pudiese emerger todavía una propuesta original y diferente. Esta simbiosis híbrida se manifiesta en una indefinición del lenguaje y en un predominio de los ejercicios autorreferenciales, en los que prevalecen los retratos de familiares, de amigos, de todo aquello que le permite autoafirmarse como pintor, para llevar a cabo un autodescubrimiento fundamental en las miradas y las referencias deudoras de las obras de otros autores.

Al cabo de pocos años, el juego de espejos revertirá positivamente y dará paso a un proceso en el que la obra de Casas se convertirá en el modelo en el que se reflejará la obra de la generación artística catalana posterior.

Ramón Casas pintando
Ramón Casas pintando

Mientras que esta primera etapa estuvo presidida por una filiación a la obra del maestro Carolus-Duran, las posteriores estancias en Paris representaron un cambio de orientación en su estilo, que se hizo más receptivo y abierto a nuevas propuestas más vanguardistas.

El talento innato de Casas se refleja desde temprano en sus inicios como pintor, mientras reside en Paris y se forma en el taller de Carolus-Duran. Allí cultiva un lenguaje ecléctico, deudor de la obra del maestro y del contacto con otros autores, que como Sargent o su amigo Lobre, se inspiran en los modelos de los grandes autores barrocos españoles. Ambas influencias, la francesa y la española, están muy presentes en el autoretrato de su primera época.

LA PULSIÓN BOHEMIA

En enero de 1897 abrió las puertas en Barcelona la cervecería Els Quatre Gats. El local de la calle Montsió se convirtió en el centro irradiador de un modelo cultural alternativo dedicado a incentivar y estimular la libertad y creatividad artística. El espacio reunió odo tipo de actividades de cariz popular y artístico, -espectáculos de sombras chinescas, títeres, combates de boxeo- siguiendo el modelo del famoso cabaret parisino Le Chat Noir, durante los seis años de funcionamiento. Aunque no supuso ninguna alteración de las relaciones artísticas existentes, la actitud del grupo bohemio, liderado por Casas, Romeu y Rusiñol, evidenció la crisis del sistema oficial de las artes, incapaz de dar salida a las pulsiones más vanguardistas y dinámicas de la época. Mas allá de las calificaciones de informal, irreverente o incluso extravagante, con las que se quiso limitar y caricaturizar el alcance de la experiencia, durante ese periodo el artísta vivió un momento de una intensa productividad. Con sus creaciones populares, Casas creó la marca publicitaria de la popular taberna y supo dar visibilidad a gran parte del imaginario del grupo. Aunque breve, este episodio de la historia cultural barcelonesa fue una de las aportaciones más originales y estimulantes de la modernidad artística catalana. La experiencia bohemia le sirvió para experimentar nuevas formas de comunicación artística, entre las que el cartel tuvo un evidente protagonismo.

Cartel de Quatre Cats
Cartel de Quatre Cats

Conciertos e incluso exposiciones en las que Miquel Utrillo dio la oportunidad de mostrar por primera vez a jóvenes artistas como, por ejemplo Pablo Picasso. La taberna fue un punto de encuentro intergeneracional y supuso una alternativa innovadora dentro del reducido paisaje de las salas de arte barcelonesas, hasta que cerró sus puertas en 1903.

Cartel de Hispania
Cartel de Hispania

Entre las diversas facetas que configuran la personalidad versátil de Casas, destaca su actuación como promotor y dinamizador del aburrido ambiente cultural barcelonés de la época. Su liderazgo fue determinante en la gestación de un gran número de iniciativas, entre la que destaca la aparición de revistas como Quatre Gats, Pel & Ploma o Hispania, que contribuyeron a incentivar la actividad editorial, a la vez que se convirtieron en ejemplos paradigmáticos por su cuidadoso tratamiento gráfico y visual.

LA PARADOJA DEL ARTISTA MODERNO

No deja de resultar paradójico que un pintor cosmopolita y receptivo a las corrientes internacionales se sintiese atraído por el cultivo de la temática popular. La destacada presencia de los motivos pintorescos en su producción, con una especial predilección por la representación de escenas taurinas, o tipologías de majas y toreros, pone de manifiesto la permeabilidad de Casas a la hora de incorporar un repertorio lleno de referencias locales, muy valorado por una clientela muy identificada con estos elementos simbólicos, y una vinculación a las corrientes pictóricas europeas que también se sintieron atraídas por esta temática.

Cuadros taurinos
Cuadros taurinos

Pero al fin y al cabo, una vez más, su obra evidencia un modelo hibrido en el que el pintor moderno nutría su imaginario con todos los elementos que pudiesen enriquecerlo, superando la tradicional diferencia que separaba la alta cultura de la baja. El circo, la tauromaquia, los espectáculos populares permitían la conexión con unas formas de ocio muy enraizadas en el imaginario popular y que despertaron el interés de las nuevas generaciones de artístas. Sin embargo, la sobre interpretación abusiva del tema produjo un efecto contrario, puesto que Casas también tendió a fijar una imagen tópica y estereotipada, sin pretender revisar la visión folclórica hegemónica.   

Escenas circenses
Escenas circenses

En la Barcelona de finales del siglo XIX la fiesta de los toros era muy popular. Casas pintó varias veces este tema durante su juventud.

Carteles con traje de torero
Carteles con traje de torero

La imagen del taller del artista configura una de las representaciones visuales más afortunadas desde la época renacentista. Como tantos otros pintores de la época, Casas incorpora el motivo a su repertorio, pero se aleja del modelo autorreferencial para acercarse a una sensibilidad diferente: la que centra su mirada en la dimensión del taller como espacio en el que el pintor moderno busca su refugio. Las fotografías expuestas muestran la condición desarraigada del artísta bohemio.

Cuadro de la bohemia
Cuadro de la bohemia

Iniciada en invierno de 1890, la tercera estancia de Casas en Paris supuso una experiencia muy enriquecedora para su carrera profesional. Durante el transcurso de los casi dos años que permaneció en la ciudad, su producción experimentó una gran transformación, tanto formal como temática. El resultado más evidente fue el interés por representar escenas de la vida bohemia parisina, protagonizadas por personas anónimas, de extracción social humilde, y ambientadas en los cabarets y cafés que reunían a los aristas bohemios de la época.

LA POÉTICA DE LA MULTITUD

Durante la década de 1890 la obra de Casas muestra la aparición del fenómeno de la multitud, como indicador del crecimiento demográfico producido en Cataluña y, en particular en Barcelona. Así Casas incorpora un nuevo protagonista el gentío anónimo que puebla las calles de la ciudad. Mas que una visión objetiva de una multitud, el autor transmite las sensaciones psicológicas y los efectos de percepción visual en una obra que, compositivamente, es deudora de la fotografía.

 

Cuadro con multitud
Cuadro con multitud

Con la realización de Garrot Vil (Garrote vil), en el año 1894, Casas inaugura la serie de composiciones dedicadas a la denominada pintura de crónica social. La temática entronca con la tradición ochocentista de la pintura de historia, pero con una voluntad de superar las limitaciones y los convencionalismos característicos del género.Casas incorpora en estas obras un actor histórico nuevo; la multitud anónima. Del mismo modo, las composiciones ponen de manifiesto la influencia de la técnica fotográfica, un efecto especialmente perceptible en el uso de un tipo de encuadre fragmentario y un marco visual abierto que insinúa una acción continuada.

IDENTIDADES AMBIVALENTES

Gran especialista en el cultivo del género del retrato, Casas convirtió la imagen de la mujer en uno de los motivos artísticos más habituales de su trayectoria profesional. Las obras expuestas aquí incluyen una diversidad tipológica suficientemente representativa de los distintos modelos en los que basó la búsqueda del ideal estético de belleza femenina. Junto con un predominio del perfil de una mujer sofisticada, refinada, elegante y coqueta, mucho mas cercana al decorativismo del estilo 1900, también emerge, como reclamo publicitario, un modelo de mujer emancipada, activa, que tiene un papel más acorde con la vida moderna y a la que le gustan actividades como la lectura o el deporte. Del mismo modo, las series de desnudos que realizó durante la década de 1890 muestran un gran atrevimiento formal que, de nuevo, pone de manifiesto la influencia de la fotografía en su producción pictórica.   

Retrato de mujer
Retrato de mujer

En este caso, el autor presenta una tipología muy carácter´istica de finales del siglo XIX: la de una mujer que sufre el denominado mal du siécle. Se trata de una visión en la que las modelos adoptan posturas indolentes, tediosas, mientras se libran a un doce foro miente y muestran una inequívoca sensualidad que rompe con los estereotipos iconográficos tradicionales.

Desnudo
Desnudo

Entre otras causas, la irrupción de la fotografía supone una alteración del método clásico de acercarse al motivo, pues la técnica fotográfica abre la puerta al descubrimiento de nuevas posibilidades formales y estéticas. En este sentido, la difusión de las revistas fotográficas se convierte en un instrumento eficaz de irradiación de un repertorio visual muy útil para los pintores.

Retratos de su mujer
Retratos de su mujer

Ramón Casas conoció a Jùlia Peraire en 1905. La vendedora de flores y lotería tenía entonces 17 años, y el pintor, 39. Casas la convirtió en su modelo y pareja, y se casó con ella después de un largo periodo de intolerancia, por parte de la sociedad burguesa barcelonesa, hacia esa relación. Estos dos retratos son el máximo exponente de la fascinación que la joven ejercía sobre el pintor, que la representó con una gran sensualidad.